martes, 4 de diciembre de 2007

MAS SOBRE LA DESTRUCCIÓN DE LOS HUACOS "ABERRANTES"


Quisiera precisar algo más en lo que respecta a la información sobre los huacos eróticos censurados. Eso lo comentó Marco Aurelio Denegri en una diálogo que sostuvo con Federico Kauffmann Doig en su programa televisivo “La función de la palabra”. Denegri destacaba que buena parte de nuestro patrimonio cultural ha desaparecido, no solo por obra de los huaqueros y traficantes de piezas precolombinas, sino por obra de los mismos investigadores y arqueólogos, bajo los impulsos de una moralina y un patrioterismo mal entendido, inaceptable en una labor como esa. Se destruyeron o mutilaron muchísimas piezas arqueológicas que representaban “prácticas degeneradas”, degeneradas según el concepto occidental y cristiano, claro está. ¿Cómo sabemos que existieron dichas piezas? Por ejemplo, en su conocidísima obra “La antigüedad de la sífilis en el Perú”, el gran Julio C. Tello afirma textualmente que “la representación de la cópula de seres humanos con llamas se encuentra con harta frecuencia” en las excavaciones; el asunto es que actualmente no existe NINGUNA de esas representaciones. ¿Qué fueron de ellas? Denegri contó que el doctor Arturo Jiménez Borja le mencionó como vió en una ocasión a la doctora Rebeca Carrión Cachot arrojar al suelo cerámicas con representaciones eróticas que consideraba “degeneradas” o “aberrantes”. Y no solo dicha arqueóloga, sino que muchos otros procedieron de esa misma manera, imbuidos en un equívoco afán de querer conservar solo una “visión digna” de nuestro pasado prehispánico. No solo la representaciones de zoofilia sufrieron a manos de estos iconoclastas (por llamarlos de alguna manera), sino también las de homosexualismo y sabrá Dios que otras más. Lo cual indudablemente ha sido una pérdida irreparable del legado cultural de nuestros ancestros. Y claro, no faltará alguien por allí que pretenda culpar de todo ello a la “moral restrictiva” que impone la Iglesia Católica en materia sexual, pero hay que dejar en claro las cosas. Los antiguos peruanos tenían también sus tabúes, al igual que nosotros actualmente, el asunto es que hay que entender las costumbres de acuerdo a la época y al ambiente en que se desarrollaron y no pretender juzgarlas con nuestra moderna mentalidad occidental y cristiana. No se puede medir a las sociedades antiguas con la vara o la medida con que ahora nos medimos. Es más, uno de los errores de los misioneros y doctrineros católicos fue indudablemente calificar de “satánicos” los rituales y ceremonias religiosas de los nativos, cuando estos no tenían el concepto de Satanás, y por lo tanto mal podrían ser “adoradores del diablo”. Sin duda un absurdo total.




Saludos

Álvaro S. Chiara G.