martes, 4 de diciembre de 2007

SEXUALIDAD EN EL ANTIGUO PERÚ

No hace muchos años atrás, Federico Kauffmann Doig publicó su libro "Sexo y magia sexual en el antiguo Perú", un tema por desgracia poco tratado por otros especialistas de la cultura andina. Kauffmann considera que el sexo en el antiguo Perú tuvo relación con la fecundidad de la tierra y señala que actualmente, en algunos pueblos andinos existen muchos ritos en los que se combina la sexualidad con lo mágico-religioso: "El objetivo de estos ritos es el de solicitar por medios mágicos, justamente la fecundidad de los animales y de las plantas". Menciona como ejemplo, un rito que se conserva en Langui, Cusco, donde para cierta festividad, hombres y mujeres se visten con ornamentos de carneros y llamas y bailan como en una representación sexual

Efectivamente, bajo el Incario existieron muchos de esos rituales. Los jóvenes participaban de danzas rituales de la fecundidad, como aquella celebrada en honor de Chaupiñanca, en que los hombres terminaban bailando completamente desnudos porque creían que al verles en esa guisa disfrutaba más la Pachamama o la “madre tierra”. Otras festividades terminaban en lo que hoy llamaríamos orgías desenfrenadas. Existía también otra festividad de la fecundidad, llamada acataymita, que tenía lugar en el mes de diciembre, cuando empezaban a madurar los paltos, y que consistía en reunirse hombres y mujeres jóvenes en un descampado rodeado de huertas, completamente desnudos; luego corrían velozmente hacia un cerro algo distante, el varón persiguiendo a la hembra, y el hombre que alcanzaba a una mujer, la tumbaba y copulaba con ella. Este rito duraba seis días y se creía que ejercía una influencia mágica en la maduración de los frutos. Sin duda, todos esos ritos tendrían raigambre preinca, y aunque los cristianos trataron de extirparlos, siguieron siendo practicados aún mucho después de la conquista (en la Relación de los agustinos, año 1557, aparece una referencia escueta a la práctica de esta costumbre en la región de Huamachuco).

También hay evidencia de un culto fálico o sea la erección del miembro sexual masculino para invocar la fecundidad de la tierra y de los animales. En Chucuito (Puno) y cerca de la Iglesia principal, existe un bosque de falos agresivos tallados en piedra, conocido como el adoratorio de Inca Uyo (o “miembro viril del inca”, como jocosamente lo bautizaron los lugareños), aunque se cree que originalmente dichas escultura estaban desperdigados por la campiña.

En general, al margen de su relación con lo mágico-religioso, podemos aseverar que los antiguos peruanos practicaron una sexualidad libre de conflictos de tipo moral, viéndo como algo natural el buscar el placer sin más objetivo que el placer. El erotismo estaría presente en todas partes, en todos los actos, en todos los momentos de la vida, el incendio de una mirada, el tocamiento de la piel, en la penetración de los cuerpos, en el embarazo y hasta en el parto, cuando el varón sufre los dolores de la parturienta y se acuesta a su lado, para compartir la dulzura del alumbramiento, escena esta representada en un ceramio moche.

Según vemos en las representaciones de la cerámica escultórica de diversas culturas preincas (Moche, Vicus, Chimú), podemos inferir que la cópula era ejercida de las más diversas formas. Asimismo, de lo expresado en los documentos que nos han dejado cronistas y “extirpadores de idolatrías”, tenemos algunos atisbos sobre las prácticas íntimas de los nativos peruanos; por ejemplo una simple relación sexual entre muchachos no tenía las implicaciones morales o jerárquicas observadas en otras sociedades; ya desde la pubertad e incluso antes (dependiendo de cada sociedad) se adquiría la experiencia amatoria y no era un asunto grave la pérdida de virginidad. Por la documentación existente se deduce también que existían mujeres dedicadas a instruir a los niños en la masturbación y cómo prolongar la erección. Se sabe que en el Acllahuasi o casa de las escogidas, las muchachas entre 13 y 15 años, destinadas a ser esposas o concubinas de los nobles, eran adiestradas por la mamacona (o matrona, o sea la aclla de más edad) en las artes que debía saber una mujer casada, incluido el entrenamiento sexual para que pudieran satisfacer plenamente a sus futuras parejas.

Todo ello ahora lo llamaríamos perversiones o aberraciones, pero para los antiguos peruanos era de lo más sano y normal. Por cierto, más conocido por el gran público es cómo los moches representaron con mucho detalle en sus ceramios diversas posiciones del coito, contabilizándose en número de ocho. Generalmente se representa al hombre vestido y a la mujer desnuda. Como parte del juego amoroso están incluidos el sexo oral y anal. Unos pocos huacos representan también la masturbación y relaciones homosexuales, aunque estos últimos sean más dudosos, por hallarse dañados o fragmentados, o bien porque no se percibe con claridad los detalles. Como ya expliqué anteriormente, todo indica que los ceramios que representaban “aberraciones”, fueron destruidos por las mismas manos de quienes supuestamente debían salvaguardarlos, aunque no sepamos exactamente la cantidad de piezas que sufrieron ese triste fin.

El sexo anal (dentro del ámbito de la heterosexualidad, o sea hombre-mujer) está representado con “frecuencia extraordinaria” en los ceramios moches según señala Kauffmann Doig y se cree que era un método anticonceptivo muy practicado entre los moches, lo cual no es simple suposición gratuita, sino que se basa en indicios razonables. Por ejemplo, existe un ceramio donde se ve a una mujer dando de lactar a su hijo mientras que un hombre la penetra analmente; de esa manera se evitaría el embarazo, pues era regla firmemente obedecida, hasta hoy en el mundo andino, de que la mujer debía evitar quedar otra vez embarazada durante el tiempo de lactancia de la criatura, para no interrumpir la producción de leche materna.

Por cierto, como una muestra de la pobre mentalidad de cierta gente encargada de cuidar el patrimonio cultural, en el "Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú", (MNAAHP) de Pueblo Libre (Lima), cientos de huacos eróticos permanecen escondidos en los depósitos de este enorme edificio; recién en marzo del 2004 fueron sacados "a la luz", tras casi medio siglo de ocultamiento, para una exposición temporal alusiva al tema sexual en el antiguo Perú, pero, una vez concluido el evento fueron de nuevo guardados sin mayores explicaciones. En cambio, cerca de allí, en el Museo Larco Hoyle, la exposición de las cerámicas eróticas está continuamente abierta al gran público.

Saludos
Álvaro S. Chiara G.

2 comentarios:

rrgonzalo dijo...

Con referente a Chucuito, esa información es aberrante, un monumento a la ignorancia. Hace un par o cuatro años atrás los estudios y la INC iban a destruir esos engañosos objetos que no se sabe cómo se libró de los extirpadores.

rrgonzalo dijo...

Con referente a Chucuito, esa información es aberrante, un monumento a la ignorancia. Hace un par o cuatro años atrás los estudios y la INC iban a destruir esos engañosos objetos que no se sabe cómo se libró de los extirpadores. Esta información además no está documentada en las fuentes etnohistóricas.